| Enviada por Guillermo
Método: Preparar una cazuela capaz, con un "en blanco". Para hacerlo : 1,5
l. de agua + 1,5 cucharadas soperas de sal + 1,5 cucharadas soperas de harina + el zumo de
medio limón + 1 trozo (no muy grande) de tocino de cerdo (un cilindro como un dedo
índice de volumen). Pelar los alcauciles. Despeduncular. Llegado que hallamos al
"corazón", cortar la cúspide, "tornear" la base, dividir el fruto
(siguiendo el eje vertical) en dos, y echarlo a la cazuela. Subir la temperatura y cocer
los alcauciles (unos 15/20 minutos : ojo, no pasarse en la cocción : dejarlos "al
dente"). Picar el jamón muy finito. Otrosí, el ajo. Otrosí el perejil. Terminada
la cocción de los alcauciles y secados éstos, colocarlos en una fuente de pyrex con su
oquedad (la de los alcauciles) mirando al cielo. Con paciencia franciscana ir rellenando
la tal oquedad con : A) El pan rallado,
B) El perejil picado,
C) El ajo picado,
D) El jamón picado.
Acabada esta tarea, poner unas gotas (bastantes) de aceite encima de cada alcaucil. Las
naranjas zajaríes, debidamente exprimidas, habrán rendido su perfumado zumo, que
conservaremos en un vaso. De él iremos vertiendo su contenido sobre los alcauciles de
modo que a ninguno le sobre ni, mucho menos, le falte. El todo lo introduciremos en el
horno que habremos previamente calentado a 180º. El de un servidor, que tiene - además-
posición de gratinar, sintió activada ésta por su amo. El cual, transcurridos unos
veinte minutos, xxxxxxx el preparado del horno y se lo ofreció a la Bella. Esta, elevada
al cubo su belleza por mor de las dos copas de vino -Paternina de 1994- que llevaba
ingeridas durante la espera, hizo un mohín de complacencia, pinchó con su tenedor una
mitad de alcaucil, sopló con femenina elegancia para reducir la temperatura del bocado,
lo introdujo en su boca, compuso una expresión de concentrado interés degustativo, y lo
deglutió. Sus ojos me acariciaron desde el otro lado de la mesa. "¿Ves como cuando
quieres.....?. Está muy bueno : de verdad." No sé si fueron los alcauciles o el
zumo de las naranjas zajaríes que utilicé : es lo cierto que bendije al Cielo por la
ráfaga de inspiración (bien poco frecuente ¡ay! en mí, aunque la Bella opine de otro
modo) que tuvo la generosidad de infundirme ese día. Inútil será decir que la Bella,
culminada la refección y bebida su taza de café (siento por siento colombiano, recogido
a mano por el mismísimo Juan Valdés y su burrito, y tostado e infusionado por mí) se
despidió bonitamente pretextando no sé qué urgencia ineludible. Y es que los que
creemos en la supervivencia de las antiguas diosas sabemos que las cosas -"sus
cosas"- son siempre así, de dulces y de apresuradas. |