Ingredientes:
- 400 gramos de harina de trigo.
- 1 sobre de levadura.
- 3 yemas de huevo.
- 100 gramos de mantequilla.
- 1 vaso de agua caliente con una cucharada de sal, y dos de leche.
- 250 gramos de carne de vaca picada.
- 1 bolsa de aceitunas manzanilla.
- 2 huevos duros.
- 2 cucharadas de uvas pasas de Corinto.
- 1/2 cebolla.
- 100 gramos de piñones mondados.
- El pino de mariscos.
Método: Por allí le llaman pino al relleno, no sé porqué será, pero para respetar
el folclore, pues ahí va el «pino de mariscos». No se parecerá en nada al auténtico
pino chileno, porque los sabores de ambos mariscos son radicalmente distintos, desde sus
oricios que son como balones, hasta las interminables variedades que aquí no existen
(choritos, jaibas, piures, picorocos, locos, machas, etcétera), no obstante verán qué
gozada de picoteo. Podemos usar el marisco que haya sobrado de algún festín, es una
buena aplicación de reciclaje doméstico, pero partiendo de tener que ir a la compra,
pues elijamos barato: una ñocla y unas gambas (eso sí, todo bien fresco y crudo).
Cocemos la ñocla (poco, si pesa 1 kilo escaso, con 5 minutos vale), y sacamos la carne de
patas y celdillas que removemos con el contenido del carro(si este tiene agua, debe
escurrirse), y con las gambas peladas y troceadas, pero en crudo. Aquí la cebolla debe
estar hecha, así que la sofreímos, y cuando tome color, se retira y se le incorporan el
marisco, los piñones, solo un par de aceitunas, nada de huevo duro(se come el sabor del
marisco), y opcional las pasas (a mí me encantan). Le va muy bien un poco de aguacate
picado. A partir de aquí se hacen igual que las de carne. En todo tiempo apetece comer de
tapas, porque es una delicia este concepto tan informal de plantear una mesa, pero ahora,
en estos sensuales días de primavera, más que nunca, sobre todo si estamos en el campo.
Ya me estoy viendo lapidado por los defensores de la cocina Argentina que sin duda
reclamarán la paternidad de esta receta, pero es que la mesa chilena, compuesta de sus
`picadas', es precisamente la forma de comer que proponemos hoy, y allí las empanadillas
son un auténtico manjar y, por su variedad, hasta pueden componer un menú completo.
Estas son las más clásicas, sobre todo en la zona de Santiago y en todo el interior. En
la costa, Valparaíso, Viña del mar, San Antonio, e incluso ya en el Sur, en Puerto
Montt, se suelen hacer de marisco, y están tan ricas, que en la columna contigua les doy
la variante. La receta Se puede usar masa de La Cocinera, es muy rica y al freír se
hojaldra bien, pero tiene mucha grasa y poco grosor, así que probemos a hacerla nosotros.
Se mancha bastante la cocina, pero es una experiencia. En un mármol frío ponemos la
harina (previamente mezclada con la levadura) haciendo un volcán, y dentro ponemos los
huevos y la mantequilla en pomada. Se amasa lentamente y se va incorporando la salmuera
hasta obtener una masa dúctil, pero que no se pegue a los dedos. Se envuelve en un paño
y se deja reposar. Mientras, hacemos el relleno. La carne picada se puede hornear un par
de minutos para que suelte el exceso de agua, pero si sabemos que es de confianza (Carne
de Asturias), podemos usarla en crudo. Picamos las aceitunas, la cebolla y los huevos
duros, y mezclamos todo con la carne, incorporando los piñones y las uvas pasas. Se
salpimienta y se puede alegrar con un poco de albahaca. No está de más que repose una
media hora en la nevera. Para hacer las empanadillas, se estira la masa con un rodillo, y
cuando ya esté bien fina (en la última estirada) se corta en discos con la ayuda de un
tazón a guisa de troquel. Se retira la masa `interdiscal', y en cada oblea se pone una
cucharada de masa de relleno, se dobla al centro, y se retuercen los bordes haciendo como
un cordón, para que al freír no se salga el relleno (se puede dar una pincelada de clara
batida en los bordes, para que pegue mejor). Deben freírse en abundante aceite bastante
caliente, pero sin pasarse, porque reventarían.
Esto es lo más difícil y hasta peligroso, pero es cuestión de ir tomándole el
pulso. |