Opillas de San Blas
 

Enviada por Tatiana Suárez Losada

    Ingredientes:

  • 1/2 Kg. de harina,
  • 15 g. de levadura en polvo,
  • 200 g. de azúcar,
  • 2 huevos,
  • 65 g. de mantequilla,
  • 65 g. de manteca,
  • 1 cucharadita de anís en grano molido (anís verde, de venta en herboristerías) o 1/2 gramo de esencia de anís.

Método: 1) Poner la mantequilla y la manteca en punto de pomada.

2) Poner la harina en la superficie de trabajo y formar un volcán. Añadir todos los ingredientes y amasar con las manos hasta conseguir una masa lisa. Formar una bola y dejar reposar en el frigorífico envuelta en film durante 1/2 hora.

3) Precalentar el horno a 180 C.

4) Estirar la masa con un rodillo hasta que tenga 1 cm. de grosor y cortarla con un cuchillo en la forma que se quiera, debiendo tener un diámetro de 10 a 15cm. aproximadamente. También se pueden hacer rosquillas pequeñas. Poner en una placa de horno cubierta con papel sulfurizado.

5) Meter al horno durante 10 minutos aproximadamente, hasta que estén muy ligeramente doradas.

Para hacer el baño blanco, mezclar 2 claras de huevo con 30 g. de azúcar en un cazo al baño María hasta que el azúcar se disuelva. Seguidamente montar con la batidora o en un robot y añadir 30 g. de azúcar glas. Bañar las Opillas o rosquillas y meter de nuevo al horno hasta que se seque el baño, manteniendo la puerta del horno ligeramente abierta. Si se quiere poner el nombre encima, derretir un poco de chocolate, ponerlo en un cartucho de papel y dibujar el nombre sobre las opillas.

Uno de los dulces típicos de San Blas en el país vasco son las "Opillas", unas deliciosas tortas con baño blanco que adoptan diferentes formas según la localidad donde se elaboran. Así, pueden ser redondas, cuadradas, rectangulares, en forma de lazo o de rosquilla.

Hace unos días tuve el placer de aprender a hacerlas de la mano de José M Gorrotxategi, maestro pastelero creador del Museo de Confitería de Tolosa y propietario de la pastelería Gorrotxategi de la misma localidad. Al alimón con su hijo Rafael, impartió un interesante curso de repostería en la Casa Gastronómica de Euskal Herria de San Sebastián y allí que me fui a aprender cosas nuevas. José Mari, a quien me une una buena amistad de hace muchos años, es un hombre que atesora un gran bagaje cultural, especialmente en materia gastronómica y culinaria, siente verdadera pasión por su profesión y muestra un entusiasmo contagioso. Sus clases son apasionantes y se hacen cortísimas, ya que están salpicadas de anécdotas, recuerdos y datos interesantísimos, todo ello al tiempo que sus manos sabias y repletas de aromas dulces trabajan con amor las materias primas más selectas y puras. Posee un gran sentido del humor y forma un buen tándem con su hijo, que no le anda a la zaga en cuestión de profesionalidad y amor por su trabajo.

Toni Oliver. Prohibida la reproducción del contenido de esta Web sin la autorización del Autor.