| Enviada por Guillermo
Método: Pondremos las chirlas en una fuentecita cubierta de agua con sal para que
"escupan" la arena. Repitamos la faena una o dos veces. Pelemos las gambas,
quitándolas la cabeza y el caparazón. Con estos restos -y con unas cabezas de pescado y
unas raspas que le habremos "mendigado" al pescadero- hagamos un litro de caldo.
Reservemos los cuerpos. En una "pôele" de paredes altas y diámetro suficiente
echemos el aceite, y la cebolla, el ajo y el pimiento, todo ello picadito finísimo. Fuego
suave y a esperar que se pochee. Cuando lo haga, añadamos las chirlas. Subamos el fuego y
esperemos que se abran, removiendo (para que no se nos pegue lo anterior). Una vez que se
hayan abierto, añadamos el caldo de pescado, los guisantes y las gambas, así como el
vino, llevando el todo a ebullición. Alcanzado que haya sido ese punto, añadamos las
rajas de bacalao y el perejil. Transcurridos cuatro minutos, démoslas la vuelta y
esperemos cuatro más. Cumplido ese plazo, fuera, y a los platos. No fue ese mi caso.
Llamé -a eso de las 12- a mi hija, para invitarla a comer (junto con su
"maromo"). Una voz nasal, enfermiza, contristada, me comunicó que tenía 40 º
de fiebre y que la dolía todo. (¡Glub!) La dije que me acercaría a verla. Cosa que
hice. Provisto de un tupperware en el que yacía mi obsequio gastronómico. Cuando
llegué, mi hija estaba cataléptica. Preferí no despertarla. Nos sentamos -mi hijo
político y yo- en la cocina, calentamos el receptáculo y, habiendo localizado -y
abierto- una botellita de la acreditada marca "Vinos Blancos de Castilla, S.A."
embotellada como "Blanco Rueda Superior" para una ultrafamosa denominación
comercial que no quiero repetir aquí, nos papamos el contenido del "tupper"
regándolo con aquella, y lamentando que el estado febril de mi niña no la permitiera
-hoy- compartir el peterete. (¡Hágase la voluntad del Señor!) Estaba espléndido. La
carne -fresca- del bacalao, competía -y aún superaba- en turgencia con la de la merluza.
(El tiempo señalado para la cocción es el preciso para no "pasarla"). El sabor
del pez, inédito y exquisito. Ojalá tenga, además, cualidades terapéuticas contra la
congestión del aparato respiratorio. Mi yerno me agradeció mucho mi obra de misericordia
pues, de no haberla ejercitado, hubiera tenido que llamar al "TelePizza" para
haber llenado la andorga.
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